sábado, 30 de junio de 2012

Quiero un caos.

Ya lo dijo Neruda
"Quiero hacer contigo lo que la primavera hace con los cerezos"
Quiero dar un cambio en tu vida, enseñarte a bailar bajo la lluvia, 
deslumbrarte con un vestido de lentejuelas, 
hacer que no recuerdes la mitad de las noches, 
que te pierdas en el tiempo, que te pierdas en la copa. 
Quiero hacer que te acuerdes de como huelo, 
que el sonido de mi voz te despierte cada mañana, 
que lo único que leas sean mis libros. 
Quiero hacer contigo lo que siempre dicen que no hagamos, 
quiero que nos perdamos en Nueva York, 
que me encuentres en Roma. 
Quiero que pierdas los papeles, que te quedes sin planes, 
que tengas que improvisar, que pierdas tu guión. 
Quiero que destroces los zapatos de tanto bailar, 
que andes descalzo por las plazas, 
que te ensucies la camisa, 
que pares de comparar, que dejes la estadística. 
Quiero que tires el móvil a un río, 
que por un segundo yo sea más importante que cualquier llamada, 
que no te acuerdes ni en que día vives. 
Quiero que aprendas a ser un caos, 
que comprendas mi concepto de juventud, 
que acabes con los horarios, 
que te presentes a las tantas de la noche en mi casa, 
que comas pizza a diario. 
Quiero que no hagas caso de los carteles, 
que te duermas en el cine, 
que robes las palomitas. 
Bueno, como te decía que Neruda había dicho:
"Quiero hacer contigo lo que la primavera hace con los cerezos"

jueves, 28 de junio de 2012

El sonido del amor.

En un mundo tan lleno, pocas cosas llaman la atención. Pocos detalles resultan curiosos con tanta prisa.
Pocas calles se nos graban, pocos días recordamos, pocos nombres nos sabemos, pocas caras conocemos.
Nada parece destacable en una realidad cuadrada. Nada resalta en blanco y negro.
Nada te llama la atención, hasta que tú decides prestársela.
Y así lo hizo.
Así fue como un día,  de la nada, él decidió pararse a observar todo lo que aparecía.
Así fue como su ciudad no le pareció tan mala, como se dio cuenta de que aquella canción era más que una canción.
Así fue con todo.
Entonces cayó en la cuenta de que nunca se había fijado en esa mirada.
Nunca había prestado mayor atención a los comunes ojos marrones, alegres,  brillantes, normalmente llenos de lágrimas provocadas por sus continuas carcajadas.
Y no comprendió como nadie más, excepto él, reparó en el brillo de su pelo, en como los mechones más claros mecían a la brisa y reflejaban los rayos del sol creando un crepúsculo en su melena.
Nadie más se había fijado en la suavidad de su voz, ese susurro gritado, que pasaba de pesado a dulce ronroneo, que se palpaba como seda en sus oídos.
Ni habían notado la melodía de su risa, el canto de ruiseñor que aparecía cada 3 segundos inundando el silencio con alegres notas.
Se volvió loco. Se volvió loco buscando la razón por la cual a nadie le enamoraba cada uno de sus gestos, como con esa mirada tan intensa nadie se veía arrastrado hacia ella, como ninguna persona de la tierra necesitaba su risa para sonreír, como nadie parecía alterado cuando se le deslizaba el pelo fuera de la trenza, nadie parecía ver la cascada de mechones que dejaba en su espalda mientras hablaba despreocupada.
No entendía ya ni el sentido de su propia vida.
O sí, pero le sorprendía que de repente fuera ella.
Fuera todo lo nombrado, fueran sus defectos, fuera la  sutileza y precisión de sus palabras, de sus comas, de como organizaba sus ideas en la cabeza en tiempo récord, de como exponía sus sentimientos sin importarle nada más.
Vaya, y ese sonido, el sonido de sus dedos tamborileando sobre la mesa mientras sus labios tararean en práctico silencio alguna canción.
Ese sonido le enamoraba, bueno, lo que enamoraba era ella.

miércoles, 27 de junio de 2012

Vacío

En las interminables horas de verano, donde el Sol parece no ponerse, donde el viento destaca por su ausencia, se perdía.
Se perdía en los días infinitos, sin límites, sin lluvias.
Pensaba en que lugar se encontraba, donde habría quedado la búsqueda interminable de felicidad que llevaba a cabo, donde quedaba la lógica, el sentido de la vida, sus propios sentidos.
Ahora que se paraba a pensar, en realidad no estaba pensando. No sabía quien era. No percibía nada más allá de sus narices, no se veía ni a sí misma.
No existían lo espejos, no existía la vanidad. Toda la sociedad andaba desaparecida.
Y de repente, como un jarro de agua fría, un tirón del brazo la devolvía a la realidad.
El miedo empezaba a invadirla, lo desconocido nunca le ha gustado.
Después de estar en ese punto de vacío, ahora todo estaba muy lleno, a pesar de encontrarse en un Madrid desierto, abandonado como era propio del mes de agosto.
Y tanta cosa innecesaria, y tanto ruido, y tan poca gente, y tanto sol, y tanta nube, y tanta letra, y tanto suelo, y tanto árbol, y tanto...
Y tanto él.
De un momento a otro, la realidad no parecía tan mala.
Cayó en la cuenta de cuanto tiempo llevaba un su estado de subconcencia, de como había llegado hasta allí, de que estaba haciendo él con ella...
La soledad la mataba. La soledad la había hecho buscar tanto un punto, que acabó perdiéndose, que tuvo que pedir ayuda, un rescate, gritar auxilio y que vinieran a rescartarla. Ella no recordaba nada de eso, no recordaba como se rindió a la vida y dejó de temer llorar, y lloró como si nunca lo fuera a volver a hacer.
Pero en el vacío no había nadie, nunca nadie estuvo con ella, solo él. Solo él comprendió el mensaje, entendió el sentido de sus palabras.
"Piérdete para encontrarme, búscame donde nunca existo, donde nada es real, donde la sensibilidad no es más que una fantasía, pero no me dejes sola. No me gustan las despedidas, no me gustan los olvidos, pero para encontrarte, encontrarme, tengo que irme"
Como siempre, solo él la entendió, como siempre que se perdía, él la encontró.

martes, 19 de junio de 2012

Nuestra canción.

Me acuerdo de cada instante y de cada palabra.
Me acuerdo perfectamente de las primeras conversaciones vacías, que más tarde pasaron a horas y horas más llenas de sentido que nunca.
No me olvido de las miradas complices, que valen para una felicitación o para una riña, de los lugares en lo que aparecimos por casualidad y que ya son parte de nosotros.. bueno, al menos parte de mí.
Y es que cada vez que alguien pone esa canción, cada vez que escucho un mínimo compás de la melodía
sonrío silenciosamente. Recuerdo. Vuelvo a sonreír.
Sigo durante un rato metida en la música que sale de mi cabeza, de memoria, como el tono de tu voz,
como tus chistes tontos, como mis risas, mis carcajadas.
Y fluye la música.
Y me pregunto si tú también tienes tan buenos recuerdos de esa canción, si cuando la letra empieza, tú también sabes seguirla.
Di mi nombre al ritmo de la canción.
Di alguna vez, que por un instante, has estado emocionado, que te he hecho feliz, que me necesitas, que no me olvidarás.. di algo alguna vez.
Dimelo aunque sea, cantando esa canción.

jueves, 7 de junio de 2012

Parte de esto.

De repente te paras y te preguntas que haces aquí. Piensas "Vaya, quizá me he equivocado de lugar", comentas "Es que aquí no encajo", "No es mi ambiente".
Pero párate a pensar, ¿De verdad crees que este no es tu sitio?
¿De verdad crees que quizá todas esas palabras no eran para ti?
Déjame contarte cuanto te echo de menos, cuantas veces he pensado en ti desde que te fuiste,
en cuantas ocasiones he pensado "Como mejoraría esto si siguieras aquí..."
Y sé que tú también lo has hecho. Sé que las cosas te saben mejor conmigo, y que la vida parece más vida, y que los sueños parecen más reales.
Ten en cuenta que no puedes echar de menos algo de lo que no formabas parte.Y lo mismo me digo a mí, cuando insisto en que nunca fuimos uno, que todo eran ilusiones mías, pero, de pronto, me pongo a pensar:
¿Cuánto tiempo soy capaz de estar sin esto?
¿Cuánto tiempo aguantas tú?
Semanas después ya ni me acuerdo de tu nombre.
Pero es que resulta imposible evocar mi pasado sin recordar al menos un momento con ese viejo conocido, de nombre olvidado, pero de recuerdos vivos.
Preferiría un nombre dando vueltas en la cabeza durante semanas, rompiéndome el coco, pensando con que persona se corresponde, a tener una persona, una parte de mí, destrozando cada sonrisa que hago intento de poner.
Así que ahora, que aún no estamos en ese apocalíptico futuro, me harías un favor diciéndome cada "Te echo de menos" que te has guardado, no tengas miedo.
Repite conmigo "Lo único que me da miedo es que me olvides"