lunes, 27 de agosto de 2012

Hoy es el sueño del mañana.

Te despiertas muy perdido en medio de ninguna parte. Sientes que el tiempo aprieta, que vas a desaparecer en cuestión de segundos. Sabes que estás en medio de tu cama pero aún así pareces no encontrarte.
Te propones salir y no sabes cual es la dirección adecuada, te das cuenta que sencillamente hasta ahora nunca te has sentido lleno como lo haces ahora.
Piensas en comer, reír, cantar, bailar, hacer el amor, cualquier cosa mínimamente complaciente y aún así sigues sintiendo que el mundo gira muy rápido.
Intentas ahogar la confusión en una copa y es en la copa donde te terminas ahogando.
Sabes que la ciudad se está volviendo loca y que tienes que salir, que tienes que cambiar la mentalidad.
Dar un giro inesperado, ser por fin la mariposa que deseas, poder alzar vuelo en cualquier momento y abandonar lo que tienes, lo que nada te importa.
Aprende que uno tiene que dormir no por cansancio, 
sino por ganas de soñar. 

domingo, 19 de agosto de 2012

Plutôt la Vie.

Las semanas de siente días estaban ya convirtiéndose en eternidades de tortura, las cuatro paredes de siempre hacían de la monotonía algo aún más aburrido, y Madrid empezaba a ahogarme.
Las oficinas eran jaulas en elegantes rascacielos, los trajes no eran más que uniformes de mi particular prisión y por supuesto, ya no me importaba para nada lo que sucediera en Wall Street. 
Un día, uno cualquiera, me levanté dispuesta a recoger la casa. Me puse a guardar y a sacar cosas, de aqui para allá hasta que encontré un viejo album de fotos. 
Una portada negra cubierta con fotos de hará unos 10 años, coronadas por un "C'est la Vie" de mi puño y letra, dorado, llamando la atención. Al abrirlo encontré cientos de fotos de mi adolescencia, con los unos y con los otros, de por aquí, de por allá, de los viajes, de museos, de gente, de fiestas, de graduaciones... y de repente, aparece como caída de la nada, una foto de París. 
La casa de Montmartre, la que estaba cubierta de hiedra, aquella casa en la cual un día me paré y comenté "Yo algún día tengo que vivir aquí" 
Que nostalgia recordar el barrio bohemio, el paraíso para mis sentidos y el lugar donde había depositado todos mis sueños, eran las calles que quería recorrer cada mañana para comprar croissants, quería pasar cada día por el Chat Noir, quería comer creps mientras regresaba a casa empapada por unos de esos repentinos chaparrones parisinos.
Rebusqué entre las fotos, buscando algo más de aquel primer viaje a París. Entonces encontré una hoja de papel doblada, la curiosidad pudo conmigo y lo primero que hice fue desplegarla. Ahora me acordaba, era una carta escrita por mí misma, por mi yo del pasado. 
"Y entonces será cuando viva en París, cuando lo único en lo que piense desde que me levato hasta que me acuesto sea en escribir, andar de allá para acá buscando más historias. Tener la casa pintada de arriba a abajo con frases inspiradoras, con fotos, con dibujos" 
...
"Despertar y que huela a café recién hecho, a croissant caliente de la pastelería de la esquina, pensar en quien me habrá preparado el desayuno y de repente escuchar un piano al fondo de la casa... Mora"
...
"Lo primero que haremos al llegar a París, será pintar un "Viva La Vie Boheme" que presida el salón, que nos recuerde a que vinimos y en que creemos" 
Y entonces, es cuando encontré una vieja postal, con una foto "Mon Amour" , le dí la vuelta y entonces me acordé de todo.
"Bruxelles, 29-07-2012"
La tentación pudo conmigo y me dispuse a encontrarla. 
Resultó ser que estaba viviendo en Bruselas, en donde siempre quiso, pero al proponerle mi idea, le faltó tiempo para darme un "SÍ" más rápido. 
Y ahora estamos aquí, sonriendo mientras escribo esto, escucho el piano de Mora al fondo, las paredes están inundadas de recuerdos, un "Viva la vie Boheme" sigue aún estando en un puesto privilegiado entre lo demás... Y yo, bueno, yo estoy aquí, escribiendo, inspirandome (como siempre desde que estamos aquí) en nuestra amada París. 
Así que... A día de hoy, puedo levantarme cada día y pensar "Soy feliz".


viernes, 3 de agosto de 2012

Así que... ¿Qué estás buscando?

¿Y todavía te preguntas que hago aquí?
Por favor, mírame, estoy parada apoyada contra el marco de tu puerta, con el pelo chorreando, con una tormenta a mis espaldas, tacones en mano.
A mi alrededor, todo tu salón, espectánte sobre a qué he venido.
El parqué se empieza a quejar del charco que he dejado a mi alrededor.
Y te miro como invitándote a probarme, como diciéndote 'ven'.
Parece que al fin, después del impacto inicial, te decides a invitarme a pasar, vaya, a tu suelo no le va a hacer nada de gracia.
Me ofreces algo de beber, yo, bastante lista, digo '¿Qué tan bueno eres haciendo Margaritas?'
'Ya lo verás' respondes, sumándote al juego, entendiendo de que va la situación.
Doy una vuelta alrededor de todo el salón, exhibiéndome como en una pasarela, pero procurando que pareciera un casual paseo. Toqueteo las teclas del piano, toco la única sencilla melodía que me sale en momento.'tin tin tin tan tan tin'.
Y sonrío.
Te quedas embobado, extasiado por la peculiar visita que te hago. Continuas tu camino, pasa de aquí para allá con una coctelera, con media lima, una copa... ¿O eran dos?
Como si se tratase de puro azar, pulso la tecla play del reproductor que preside la sala. '...Color my life with the chaos of trouble'
La canción no podía ser más apropiada.
Con toda confianza, me meto en tu cuarto, cojo una camiseta de esas grandes, el vestido se queda en el suelo hecho un zurullo chorreante, salgo con delicadeza de dentro de él.
La camiseta me va perfecta como pijama improvisado.
Una vez acurrucada en el sofá, te pregunto que tal tu vida, como va eso... Ya sabes, como las preguntas que solía hacerte cuando tanto tiempo pasaba aquí.
'Bien, ya sabes, lo de siempre' 'Nada, todo igual', respondes tenso, pensando sin pensar.
Me das el Margarita. 'Delicioso'.
'Y.. ¿Qué buscas aquí?' Preguntas intentando aparentar indiferencia. No se te da bien disimular.
'Pues... no sé, dime tú que puedo encontrar..' Respondo.
Silencio. Mi pie se desliza suavemente por el sofá, te invita a venir, te llama. Lo miras. Piensas... y claro, acabas viniendo.
¿Y el resto? El resto tú ya lo sabes.