viernes, 15 de marzo de 2013

No quiero olvidar tu olor.

Era tú calor en mi espalda, tu aliento en mi cuello y tu brazo en mi cintura. 
Era lo agradable que resultaba dormir oliendo tu perfume, y lo divertido que era cuando me quitabas toda la manta. 
Eran tus escapadas nocturnas y las dulces esperas a tu vuelta. 
Era tu sonrisa reflejada en el espejo por la mañana, eran mis buenos días con café. 
Era el té de antes de irnos a la cama, era la radio sonando hasta las tantas.

Son tus pies perdidos entre otras sábanas lo que hace que pierda el sueño en mi almohada. 
Es la sensación de pérdida y el hueco del otro lado de la cama, lo fría que está la colcha y son las gotas que escurren por los cristales. 
Son las noches de primavera que recuerdan a los últimos días del otoño, es tu reloj tirado en la mesilla y son tus zapatos al otro lado de la cama. 
Es el silencio de la madrugada y los gritos de mi cabeza. 
Es el vacío de las paredes blancas, el sonido de los pasos del gato, el eco de la noche.