domingo, 22 de septiembre de 2013

Dame Vino.

Apareces de repente, perdido entre vestidos de cóctel, de donde nadie esperaba verte venir.
Pasas perdido en el baño, al menos la mitad de la fiesta. Yo, de puntillas a pesar de los tacones, mirando entre las cabezas de los invitados buscando tu camisa arrugada, tu pelo descuidado. 
Me presentan a personas suficientes para formar una orquesta sinfónica, y yo pretendo que me interesan todos, que me aprendí sus nombres cuando solo tengo resonando en mi cabeza algo como Estela o Helena.
Me duelen los pies, me pesa la cartera y el vino está malísimo. Y te sigo buscando, cada vez con menos intensidad, esperando sólo para ver si reapareces de la mano de la chica que no te quitaba el ojo.
Me siento en la ventana y echo una mirada a todo el salón, lleno hasta los topes. Veo un circulo de chicas alrededor de tu amigo, todas comiéndoselo con la mirada y sonrío, veo a alguien que no sé quien es bebiéndose un vino tras otro e intentando ser gracioso con la camarera. 
Veo un grupo detrás de la bandeja del jamón como hienas, veo parejas, veo miradas de una esquina a otra, veo posibilidades para algunos y un saco de calabazas para otros. 
Entonces dejé de buscarte. Ya habían sonado unas 15 canciones desde que te vi haciéndote el desentendido con el pibón del vestido plateado.
Sigo con la tarea de conocer y, supuestamente, que me conocieran. Gracias al azar, mi amiga, la chica encantadora que tan bien te cae, apareció para salvar la noche. Hablamos, hablamos de ti y algo de nosotras, del tiempo, de las clases, del verano, de libros, de la vida. Todo eso en poco tiempo. Entonces me dijo 'deja de buscarle, yo creo que se fue con ella'. Por un momento la fiesta termino, se acabó la música y todo el mundo se esfumó. Solo por un momento, menos mal. Cuando estaba a punto de dar por finalizada la noche y largarme en el primer taxi que apareciera, apareció él. Se acercó a mi amiga, le comentó algo que solo ella entendió y entonces ella me presentó, y él me saludó con una sonrisa enorme en la cara y sólo me dijo '¿No está este vino malísimo?'. 
Seguimos hablando, ríéndonos, me preguntó por alguna de las chicas deslumbrantes de la fiesta y yo le decía lo poco que sabía de ellas. Pero él lo olvidaba enseguida, era un hombre de poca memoria o sin ganas de pasado. 
Apareces tú. Bueno, reapareces tú, arreglándote la camisa que ya de por sí estaba echa una pena desde el principio. Pensé en correr hacia ti y preguntarte cualquier cosa para que me enamoraras aún más con tu retórica. Terminé la copa que tenía en la mano y miré al chico encantador que aún me estaba acompañando, él me estaba ofreciendo una copa  de vino. Iba a decirle que no, que tenía que ir a verte.. a comentarte algo, pero de repente solo pude mirarle a los ojos un buen rato, coger la copa y decirle 'Espero que otro día me ofrezcas un vino mejor que este'.
'Espero que haya otro día' Respondió él. 
Y nunca más te vi, ni una sola vez más. Pero que curioso, te escribo esto tomándome la tercera copa de vino en casa de él.