viernes, 1 de noviembre de 2013

Sobre los vasos rotos y mi pintalabios.

Buenos días, o eso parece. Abro los ojos y me encuentro con las ventanas abiertas de par en par. Entra tanta luz que apenas veo nada, me intento levantar casi a ciegas pero entonces noto el peso de tu brazo en mi espalda. Y espera, ¿Qué haces tú a mi lado? Extrañada, intento terminar de despertarme y echo un vistazo alrededor y entonces cambio la pregunta, ¿Qué hago yo en tu cama?
Aparto tu brazo con cuidado y me escurro hasta llegar al suelo, entonces ya noto el frio, y no me extraña teniendo en cuenta que tan solo llevo mi ropa interior y una camiseta que debe ser tuya. 
Me recojo el pelo encima de la cabeza, cojo mi cazadora del suelo y salgo al balcón para intentar despejarme la cabeza que, por cierto, parece que me va a estallar. 
Al mirar hacia la calle viene de repente a mi memoria algún recuerdo sobre anoche: Yo misma en la calle, abrazada a ti, con una cerveza en la mano y con los tacones en la otra. La conversación aún está un poco difusa, pero debió ser interesante.
El frío me hace volver dentro de tu casa, cierro las ventanas y dejo la chaqueta donde estaba. Voy a la cocina, y al buscar algún vaso limpio me encuentro con que hay al menos tres hechos trizas en el suelo, y el resto llenan la encimera. Cojo un vaso al azar y veo que tiene unos labios rojos marcados, y entonces vuelvo a recordar: Estábamos tú y yo en el sofá, con tres botellas distintas en la mesa, y nuestras carcajadas debían oírse tres calles más abajo, y sonaba música de los 90 que tú tarareabas. No faltaban los abrazos continuos, ni los roces en mis piernas. Mis pies jugaban coquetos con los tuyos, y tú no parabas de decirme que estaba preciosa esa noche.Y ahí quedaba ese recuerdo.
Medio lavé el vaso y me lo bebí lleno de agua, me senté en el banco de la cocina y me comí la manzana que estaba en el frutero. Volví a tu habitación y recogí mis pantalones, en el bolsillo encontré la tarjeta del garito donde debí estar ayer. Claro que estuve, ahora me acuerdo. Sonaba la canción archiconocida de los Arctics y yo (con al menos 3 copas de más) la tarareaba como si fuera la superestrella del lugar. Fue lo último bueno que sonó aquella noche, la fiesta estaba ya en declive cuando tú entraste (todavía bastante consciente, o al menos en mejor estado que yo). Te acercas a mí, tenemos la típica conversación cortés y entonces te das cuenta de que me estoy empezando a aburrir. -¿Qué haces ahora?- Me preguntaste
-¿Ahora? Nada, volver, supongo.- Respondí.
-Vamos a casa.
-¿A casa? ¿A tú casa, a las 4?¿Estamos locos?
-Ven- dices, y me pusiste la mano en la rodilla.
Dos minutos después estaba ya en la gélida madrugada de Madrid, colgada de tu hombro intentando aguantarme la risa de camino a tu casa. 
Me visto y empiezo a buscar mis cosas por tu casa, encuentro mi bolso y al levantarlo veo que debajo hay un papel con unos labios marcados que deben ser los míos 'Por los pocos recuerdos de mis besos que vas a tener mañana... Daniela' 
Y entonces vienen más recuerdos. 
Ya debían ser más de las 6, y estaba empezando a salir el Sol. Yo estaba tumbada en tus piernas, ya echa un desastre, tu perdías los dedos enredándolos por mi pelo y probablemente habíamos escuchado ya tres discos completos.
-Vaya noche estamos teniendo. ¿ Cómo lo haces?- Me preguntaste.
-¿El qué?
-No sé, has conseguido que terminemos así solo con tararear una canción que he visto tararear al menos a 30 tías, y te aseguro que no terminé llevándome ninguna a casa.
-¿Qué fue lo que paso en el ascensor?- Pregunté yo, cambiando el tema.
-No sé, besos. ¿No? No sé.
-Tú nunca sabes nada.
Cojo el bolso y salgo dando un portazo. No soporto el recuerdo de que la escenita de amor que monté en el ascensor no fuera nada para ti. Bajo las escaleras corriendo y al llegar a la esquina de la calle principal me suena el móvil. Contesto y eres tú, que debes haberte despertado con el ruído que hice al salir.
-Vuelve- dices.
-No.
-Ven.
-No quiero, no voy a ir.
-¿Qué pasó?- preguntas.
-Nada, eso paso. 
-Yo sé lo que te pasó, vuelve, vuelve. Lo del ascensor fue, joder.. 
-Que te den- digo enfadada. 
-No cuelgues, lo del ascensor fue lo mejor de la noche, y espero no tener que quitarme nunca tu pintalabios de la cara. Ven. Ven y vuelve a besarme, lléname la vida cantando 'I Bet...'. 
Cuelgo.
...

Y bueno, aquí estoy, pintándome los labios mientras vuelvo a subir  en tu ascensor.