sábado, 14 de diciembre de 2013

¿Qué es eso de morir?

Las lamparas de estilo industrial casi ni se veían del humo que flotaba por la estancia. Ya no olía a nada o era que yo ya no olía nada. Los clásicos de la Velvet Underground hacían retumbar los altavoces. Todos estan muy a lo suyo, unos cuantos con el móvil, un par de fumados se reían a carcajadas al fondo, el putón de la noche llevaba al chico guapo de la chupa de cuero a su telaraña. Y así todos. Yo estaba atendiendo a unas cuantas charlas sobre cosas sin importancia como el chulo de turno contando la hazaña de como llegó borracho a su casa de no sé donde.
Me estaba aburriendo. Entonces puse atención en una conversación que estaban teniendo dos chicas en el sofá de al lado. No sé muy bien de que iba pero, joder, que razón tenían en todo lo que estaban diciendo. 
"Y siempre me vienen con la misma cantinela : Deja de fumar, que eso mata. ¡Fumar mata! ¡Qué jodida sorpresa!" 
Lo decía en un tono irónico, indignada y muy convencida de sus argumentos, la otra asentía con cara de no entender muy bien por donde iba su amiga. La del discurso sobre el tabaco vio que su amiga no iba a hacer ningún comentario por lo que prosiguió con su monólogo. 
"Parecen idiotas. No hacer lo que uno quiere, no estar con quien se quiere, perder el tiempo, cumplir años... Eso si que mata"
Su amiga que debía ser idiota aún no sabía de que estaba hablando, pero yo si lo sabía. Vaya si lo sabía. Yo estaba en un momento extraño, se me acababa de caer el mundo al suelo y esa desconocida me estaba dando la respuesta a la cuestión principal de la vida. Pensé en todo lo que había pasado últimamente, en él yéndose de la mano con la princesa de zapatos de charol, en el tiempo escapándoseme entre los dedos, en los ensayos sin terminar, en las conversaciones a medias y la cantidad de cartas sin responder que había en mi mesilla. Me empecé a reír, me reí muchísimo. Todos los que me acompañaban en la mesa me miraron, esperaban que les contara que era lo que me hacía tanta gracia.Yo no podía hablar, estaba llorando y la risa ya era muda. Pero la verdad es que no me estaba riendo, nada me hacía gracia. Nada en absoluto. En realidad creo que empecé a reír a carcajadas para poder ponerme a llorar en medio de aquel antro y que nadie pensara mal. 
Hay que ver, mejor parecer gilipollas que un intelectual desencantado de la vida. 

miércoles, 4 de diciembre de 2013

¿Por qué no bailáis?

Estaba él sentado en el taburete marrón, mirando fíjamente por el balcón, estaba iluminado por la luz amarilla que entraba por los cristales. Yo estaba en diagonal a él, mirándole de arriba a abajo, sonriendo con sus gestos. Él parecía no  estar allí, pero yo estaba viendo como siempre que alguien comentaba algo gracioso él sonreía y me miraba por el reflejo del cristal.
Dejó su sitio y se puso frente al toca discos, con los dedos rápidos empezó a buscar entre sus vinilos y seleccionó unos cuantos. Yo seguía mirándole y reconocía casi todos los discos que él había elegido.
Tomé un sorbo de vodka, él me miró rápido pero sin disimular, yo giré la cabeza. Él sonrío.
Todo el mundo en la sala pareció darse cuenta, se callaron, nos miraron, pero ambos hicimos como que no pasó nada.
Cogió el vinilo que quiso y lo puso en el tocadiscos.
Escuché las primeras notas y miré tímida a sus pies que golpeteaban el suelo siguiendo la canción. Mis dedos hacían lo mismo sobre el vaso que tenía en la mano. Y entonces una chica que llevaba ya un rato mirándonos dijo: '¿Por qué no bailáis? '
¿Por qué no bailamos? Eso digo yo. Míralo, míralo como me mira, como me tararea la canción en la distancia como si me recitara poesía. Oh Dios, mira como le brillan los malditos ojos verdes cada vez que se encuentran con los míos. Idiota. ¿Por qué no bailamos?
Puede ser porque es lo que todos esperan, porque es más fácil esperar que yo termine la copa y decida acercarme a ti para cantarte al oído. Puede ser que esperas que todos se marchen, que podamos bailar libremente por el salón sin tener que saltar por encima de los montones de pies entaconados que invaden tu suelo.
¿Pero por qué no bailamos? Debe ser que has visto que acaba de entrar ella, que ha sonreído al verte, que te has visto reflejado en sus hermosos zapatos negro charol y te has vuelto a enamorar. Debe ser  que el perfume que llenaba tu habitación al principio de la noche era el de ella.
Así que , ahora que lo pienso, tenemos tantas razones para no bailar que creo que deberíamos bailar.