jueves, 23 de enero de 2014

Ni siquiera doscientas palabras.

Esta vez no vengo a decirte nada, absolutamente nada, no tengo nada que decirte.
No quería decirte esas cosas que solía decirte como que me tenías loca o que contigo vería todas las películas del mundo. 
No vengo a decirte que me estás arruinando la vida, ni vengo a decirte que escribo sobre ti. 
Estaba pensando que era momento de empezar otra vez, y que quizás (sólo quizás) era el momento
de dejar de pensarte y que, por supuesto, dejes de colarte en todos y cada uno de mis escritos. 
No te quiero ya rondando mi prosa, ni te quiero leyendo mis poemas y mucho menos te quiero siendo
la inspiración de nada. 
Lo dejo, lo dejo porque no conseguí escribirte bien, cuando me leo no te veo, ¿Entiendes?
No es culpa tuya, tú lo haces todo muy bien, el problema es que no sé como debo contar esos aires que tienes de nuevo Jay Gatsby ni como hablas con rítmo como de García Márquez. 
Lo siento, pero me parece que ella si sabía hacerte de tinta y papel. 

Espero que entiendas que esto, estas escasas 199 palabras son lo último que escribí sobre ti, mi amor.

domingo, 12 de enero de 2014

Te quiero, pero me hundes.


Me fui dejando la vida en estos rincones y la sensación de salir a la calle y encontrarme en cada esquina con un recuerdo empieza a ahogarme.
 Madrid, te quiero, pero me estás volviendo loca. 
El problema no es esta ciudad, la ciudad es perfecta , lo aseguro.
 Los problemas son los años que he gastado en ella, la gente que conocí y la que quise conocer,
 Madrid te quiero, pero esto ya no va a funcionar.
Quizás no te equivocabas al decir que como en casa en ningún sitio.
 Madrid, te quiero, pero es hora de volar de casa. 
Madrid, eres perfecta, no me olvides ni pierdas tus épicas madrugas. 
Madrid te quiero, pero...