sábado, 24 de mayo de 2014

Amo el oxígeno en mis pulmones.

Un día tú ya no estás y ni siquiera te has ido. Que triste es ver desaparecer tu recuerdo de mi cabeza, guardo luto por haberte olvidado. No sé por qué, pero es una pena que te marches de mi cabeza antes de haber podido bailar al menos una vez contigo.

Y se me visten de negro las mejillas gracias a las lágrimas cargadas de rímel que me caen, y me siento estúpida al estar llorando la pérdida de alguien que nunca tuve. 

¿Te digo la verdad? Es raro imaginarme con él y no contigo. No es una ruptura, pero se acerca a ello. 
Lo mejor es que la atmósfera me acompaña en el sentimiento y se tiñe de gris, y hace frío, no tengo tu imagen cálida en la cabeza para recordarme que pensándote era feliz. 

Menos mal que existe un nuevo él, alguien diferente a ti, un extraño en mi cabeza. Empieza a llover y por un momento pienso que todo va a peor, pero entonces la lluvia suena tan bien.
¡Oh Dios mío! Suena muy bien, suena como su voz. 
De repente pienso en lo poco que me gusta mi nombre, bueno, lo poco que me gustaba hasta que él lo dijo. Y ahora la lluvia dice mi nombre. 
Lo dice con su voz, con su timbre, tono y rítmo. 

A veces pasa que miras al cielo y está gris, pero es precioso. Y sé que muchas veces estoy triste, pero entonces huelo la lluvia y la hierba recién cortada, y sin más, ves que el mundo es hermoso. 
No sé como, pero en ese momento amaba el oxigeno en mis pulmones, estaba enamorada de la vida. 

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