sábado, 27 de diciembre de 2014

Cromatismos atemporales.

Vas a tener que esperarme un segundo, pero hace demasiado frío. No tiene nada que ver con que sea ya el final de diciembre, hace frío de otra manera. 
Hace frío desde dentro, y es que mi interior congela. 
Es todo nieve porque nadie quiso nunca entrar y derretirla, nadie pensó que un café con buena conversación provocaría mi deshielo. 
Es complicado darse calor, siempre se necesita que alguien suelte algunas palabras cálidas, que te comenten detalles bonitos sobre ti, y que de vez en cuando te den los buenos días. 
Por un momento, empezaste a derretirme con tu cortesía personalizada, las largas miradas y algún que otro detalle exagerado. Fue un momento solo, pero el tiempo es relativo, y parecía todo muy largo. Parecía que ninguno de los dos envejecía mientras el universo había avanzado de repente 1350 años a nuestro alrededor. 
Tus ojos estaban siempre jóvenes, los míos brillantes como nunca. Tus ojos eran cálidos, y por primera vez parecía haber encontrado en ellos mi casa, y no me quería mover nunca más de la manzana que abarcaba tu pupila. Vivir y morir, siempre en ellos, siempre al calor de tu voz y con el dibujo de tus labios. 
La verdad es que no tenía sentido. El azul pocas veces es cálido, y ahora me encuentro con que el azul de tus ojos es el más frío de la paleta, y que al contrario de lo que pensaba, cada vez estoy más congelada. 
Azul nunca más será cálido. 

martes, 23 de diciembre de 2014

Cintas de voz.

No sé como, pero de alguna forma siempre te escapas. Y te pierdo rápidamente, en una ciudad de siete millones de personas.
No sé donde estás, no sé enviarte mis cartas. Echo de menos tus ojos, y tus manos acariciando el aire mientras hablas.
Pánico es lo único que siento cuando creo que quizás nunca te oiga más hablar, y que tendré que conformarme con escuchar en modo replay el único mensaje que me dejaste en el contestador.
Ojalá fuera un mensaje bonito, ojalá terminara con un "te quiero".
Sí, un "te quiero" podría reconfortarme más que cuatro palabras al azar dichas mal y corriendo en mi buzón de voz.

Aún así, espero que dejes más mensajes, aunque sea uno de despedida.

(1:34 am - Confesiones de más de medianoche, poco pensadas y muy sentidas II)

lunes, 22 de diciembre de 2014

El único y lo único.

Por muy buena que sea con las palabras, a veces hay cosas que se me escapan y no sé como explicar. Hay días que veo como la ciudad se hace pedazos, como se cae a trozos y el cielo es gris, cuesta respirar y no hay nadie en la calle.
 Hay días caóticos.
 En días como esos me encantaría poder explicar como se siente estar en medio de una ciudad asfixiada y tan solo sentirme ahogada porque no sé donde estás, porque quizás estemos a unos metros y la niebla no me deje verte.
No importa que no queden edificios en pie, no importa que ya no haya caminos, ni plazas, no importará nada siempre y cuando quede en pie el templo que eres tú.

Otros días me levanto optimista y no sé explicar por qué eres tú el motivo. Es como si el buen rollo que fluye solo fuera otra forma en la que estás presente.
 Diría que hace buen día porque estas cerca, diría que a la vez eres todas las tormentas.
Describiría cualquier color aplicándolo a ti. Podrían quitarme todas las palabras y aún así seguiría escribiendo, aunque fuera en vacío todo lo que quiero de ti.

Y es que hay cosas que no suenan bien, caer es algo muy feo, pero no está tan mal si es "caer en tus brazos". La verdad es que si caer solo tuviera ese significado, no me importaría caer mil veces cada día.


(1:06 am - Confesiones de más de media noche, poco pensadas y muy sentidas I )

sábado, 13 de diciembre de 2014

Todo lo que te quiero decir y no te he dicho

Quiero que sean las cuatro de la mañana y que todavía se nos escuche reír sentados en tu balcón, quiero que a mi lado hayan varias botellas de vino vacías y que tú estés descorchando la siguiente. 
Quiero que durmamos muy poco, pero que queden muchas instantáneas para recordarnos que nunca fueron horas perdidas. 
Lo ideal es que salgamos por la noche, y que a la mañana siguiente cuando te despiertes  me encuentres invadiendo tu salón con acuarelas, y que por supuesto te esté pintando a ti. 
Quiero conversaciones memorables, quiero aprender de ti, que lo hagas tú de mi. Quiero mover océanos al centro de Madrid para poder verte nadar en ellos. 
Quiero que me destruyeras de la manera más bonita que existe. Quiero un antes y un después. 

Y si alguna vez todo esto pasa, acuérdate de llevarme a todos los sitios bonitos que existan, para que nunca más los pueda pisar sin acordarme de ti. Haz que acabe odiando Madrid pero que nunca deje de quererte a ti.